¡Cuervos días!
Por muchos años que tenga a sus espaldas, éste pueblo sigue resultando tan perturbador como el momento en el que la novela vio la luz. Todos hablan de todos, no hay ningún secreto a salvo ni defecto perdonable. Porque así es el ser humano; hambriento de escándalos. Y pese a todo, entre ellos se escapan grandes verdades que nadie se atrevía a pronunciar. Se revelan las máscaras, aparecen los monstruos, y se realiza una amplia crítica de todo cuanto nos dijeron que no debíamos señalar. Bienvenidos a Peyton Place.

"Pueblo pequeño, infierno grande. Cuando Grace Metalious publicó Peyton Place en 1956 no solo revolucionó a todos sus vecinos, sino también a toda la sociedad estadounidense. Mucho antes de Melrose Place y Twin Peaks, exploró en una pequeña localidad el despertar de la sexualidad, el odio racial y de clase, el incesto, el aborto, la corrupción del poder religioso. De repente, millones de lectores se dieron cuenta de que esta novela se puede abrir en cualquier momento, pero solo se puede cerrar cuando la acabas. Un best seller mundial perseguido, denostado, prohibido, pero que los lectores llevan devorando más de medio siglo."

Hay novelas que asustan por lo cercanas que se sienten, sin importar en qué fecha fueran publicadas. Cuando esto sucede, yo suelo pensar en dos cosas. Lo visionario de su autor u autora para crear una obra inmortal. Y... cómo demonios podemos ser tan previsibles.

Si tenéis pueblo seguro que estáis familiarizados con esa sensación: Todos hablan de todos, se conocen, chismorrean, comparten rumores y difamaciones como medio de socialización más aceptado. Resulta duro salirse del molde cuando habitas un lugar así, ya que pronto serás la comidilla de todos. Allison Mackenzie lo sabe bien. Es una estudiante solitaria, rolliza y soñadora que a menudo se convierte en el centro de las burlas de sus compañeros. Tampoco es que su madre lo haya tenido más fácil. Constance Mackenzie es una mujer culta que llegó a vivir en Nueva York, así que ahora todos sus conocimientos y experiencias son vapuleados por un vecindario que, quizá por envidia, la considera inaceptable.

Poco a poco nos iremos sumergiendo en el amplio espectro de personajes que ofrece la novela, y con ellos, una amplia visión de una sociedad que no es ni de lejos perfecta. Bajo el felpudo de éstas casas se esconden secretos como el incesto, violencia, machismo, racismo, el fervor religioso, la locura, la dependencia.

No se qué me pasó, pero fuera lo que fuese, no tuve la culpa. Algo se adueñó de mi y no pude hacer nada.

Los capítulos son muy cortos, centrándose cada uno en alguno de sus personajes para ir desgranando poco a poco sus secretos... y es que todos tienen algo que nos atrapará hasta convertirnos en otro ojo detrás de la cerradura, ávidos de curiosidad. Quizá esta sea la razón de que su narrador sea omnisciente, para poder revolotear por todo Peyton Place sin perder detalle de cada nuevo acontecimiento. Los que llegan, los que se van. El primer amor. La primera decepción. Quién se ganará nuestro corazón. A quiénes aborreceremos.

Y es que son tantos y tan especiales los personajes que resulta imposible mantenerse al margen de sus experiencias, ansiar más y más drama, o ser impasibles a sus mordaces comentarios. Todos tienen una opinión, y todos van a expresarla. Es ahí donde reside el alma de la novela, en sus personajes, sus magníficos diálogos y todas las historias que logran confluir sin que ninguna quede deslucida... aunque es evidente que he tenido mis favoritas, y personajes que me han resultado completamente detestables. 

Aunque se divide en tres partes, hay dos personajes que conservan protagonismo a lo largo de toda la novela: Selena Cross y la ya mencionada Allison Mackenzie, a quienes conoceremos desde su adolescencia. A ellas se van sumando y restando otros personajes, como los petulantes Harrington o el doctor Matthew Swain.

¿ Nunca se ha fijado en que las personas que más odian siempre son aquellas que desearían haber tenido algo o haber hecho algo?

Es comprensible que la obra suscitara tanta polémica en el momento de su publicación, ya que la autora habla sin tapujos de todo cuanto se la antoja y desbarata el modelo de la familia perfecta. Si pretendía dar que hablar, dio en el clavo. Y clavó tan hondo que aún resulta una perturbadora delicia husmear en éstas historias.

Peyton Place es una novela de las que dejan huella y te acompañan con el paso del tiempo. Uno de esos placeres que odiarás compartir pero no sabrás soltar. Es sencilla. Es adictiva. En definitiva, ¿Buscas lectura para éstas semanas de verano?



¡Cuervos días!
Parece que estoy en racha de buenas lecturas, y además ésta me llegó por sorpresa. ¿Cómo enlazar vinicultura con romance, misterio y la Segunda Guerra Mundial? Parece imposible y hasta caótico, pero os aseguro que no lo es. Si os gustan esos libros que se dejan llevar en la maleta para disfrutarlos durante las vacaciones, aquí tenéis una buena recomendación.
"Kate, una joven estadounidense que estudia para lograr el título de Master of Wine decide viajar a la Borgoña, a la finca de viñedos que ha pertenecido a su familia durante generaciones, para centrarse en sus estudios y pasar una temporada en Francia, donde solía pasar sus veranos de infancia.Allá descubrirá inesperadamente un diario perdido, un pariente lejano, una bodega escondida y un secreto que su familia ha mantenido guardado desde la Segunda Guerra Mundial y también a su primer amor.A medida que aprende más sobre su familia, la línea entre resistencia y colaboración nazi se difumina, lo que lleva a Kate a encontrar las respuestas a dos preguntas cruciales: ¿A quién ayudó exactamente su familia durante los años difíciles de la guerra? ¿Y qué pasó con seis valiosas botellas de vino?"

La historia está narrada a dos tiempos: Por una parte tenemos a Kate, americana que decide volver a la Borgoña donde se crió su familia para perderse por sus viñedos y prepararse para sacarse el título de "Maestra del vino". Por otra, tenemos los diarios de Hélène, una antepasada rodeada de misterio. ¿Fue parte de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial... o en realidad fue una colaboracionista? Su nombre parece haber desaparecido en la historia de su familia, como si fuera alguien a quien nadie deseara recordar. Pero Kate, que necesita destapar ese capítulo, sospecha que hay más secretos en Hélène de lo que piensan. Mucho más.

Kate se hospeda en la casa de su primo Nico y decide ayudarles organizando viejos trastos, tarea que sin pretenderlo la pondrá tras la pista de Hélène y una misteriosa habitación secreta cuya construcción parece remontarse a muchos años atrás. En su interior, un secreto que alguien quiso preservar. Pero Kate no tiene tiempo para distraerse indagando en los misterios de su familia, necesita prepararse para una dificilísima prueba que podría marcar su futuro profesional. Por desgracia, la Borgoña no se lo va a poner fácil: Allí vive Jean-Luc, el gran amor de su vida y con el que todo terminó de una manera precipitada y hostil. Cada encuentro es más incómodo que el anterior, pero igual de inevitable. Los viñedos de Jean-Luc están próximos a los de su primo y allí se hospeda Walker, un hombre que pronto comenzará a sentir interés por ella.

Aunque la historia de Kate me resultó muy interesante y adictiva, debo reconocer que algunos acontecimientos fueron bastante previsibles. La que realmente me conquistó fue la historia de Hélène: Su padre nunca estaba en casa y su madrastra la hacía el vacío, más volcada en los que consideraba que sí eran sus auténticos hijos: Albert y Benoit. Ambos adoraban a su hermana mayor, y ella era la niña de los ojos de su padre. Pero con la llegada de los alemanes las cosas se empiezan a torcer, su madrastra se ve obligada a tomar algunas decisiones que Hélène no aprobará. La joven tiene un espíritu libre y luchador, quiere arrojarse a las calles, luchar por su pueblo... hasta que el hambre y la enfermedad asolan su casa, y se ve obligada a elegir entre sus hermanos revolucionarios o el par de niños que la esperan en casa. ¿En qué bando terminará Hélène? 

La novela nos relata algunos detalles reales de aquella época, como el castigo realizado a las mujeres que participaban en la "colaboración horizontal", el acto de acostarse con el enemigo o intercambiar información. Las rapaban la cabeza, las pegaban y las avergonzaban. Está claro que los hombres también cometían traición, pero sin duda el castigo más cruel se lo llevaban ellas. Qué novedad.

Es evidente que el vino también juega un papel muy importante en toda la novela. Se nota que a la autora no solo la interesa, sino que entiende y sabe de lo que se habla. Por eso la historia parece embriagarnos y arrojarnos a ese entorno de sabores, donde el paladar sobra un protagonismo especial. Y es que tanto pasado como presente parecen ondular sobre éstos viñedos, objeto de deseo de muchos dada su fama y beneficios actuales.

"Secretos entre viñedos" es un viaje a través del tiempo y las emociones, de amores imposibles y voces silenciadas desde la postguerra que buscarán la manera de resurgir, cambiándolo todo a su paso. Una cata más que deliciosa para ésta época del año.


¡Cuervos días!
Qué pena me ha dado terminar esta novela, de verdad. Seguro que conocéis la sensación, estar disfrutando tanto de una historia y no querer que se acabe nunca... No se cuánto tiempo hace que no terminaba un libro con esta sensación de disfrute y pena combinadas, pero me reconozco adicta a ésta mujer desde ya. Va, voy con la reseña.

"¿Viste tu vida pasar por delante de tus ojos antes de morir? ¿Era yo la protagonista de alguna de esas imágenes? ¿Cuál fue tu último pensamiento? ¿Llegaste a quererme alguna vez? ¿Para quién eran esas flores?

Martín murió hace más de un año y Alicia no deja de hacerse esas preguntas, atormentada por el recuerdo de quien fuera su prometido. Apenas tiene veintiocho y ya es viuda, pero en los arcenes de su luto aguardan una nueva pareja, el reencuentro con su mejor amiga y el fantasma de una madre ausente.

Cuerpos malditos es una novela breve y áspera sobre cómo nos transforman las pérdidas. La historia de una mujer que busca rehacer su vida al tiempo que ahonda en el pasado para desenredar los motivos de su infelicidad: una adolescencia marcada por la aparición del deseo, la violencia, la dificultad para reconocer su propio cuerpo y las heridas del primer amor y del primer desengaño. "

Alicia está inmersa en una fuerte depresión tras el fallecimiento de Martín, el hombre con el que estaba dispuesta a compartir toda su vida. Ahora se abre ante ella un futuro sin planificar lleno de incógnitas y de cicatrices que nunca terminaron de sanar. Una madre ausente, una mejor amiga con la que ha perdido el contacto y una suegra que no está dispuesta a dejar que la muerte de su hijo deje de doler.

Son muchos los personajes que van apareciendo entre estas páginas y en su mayoría están muy bien retratados, hasta los más secundarios. Para ello tenemos acceso a diferentes flashback en la infancia y juventud de Alicia, algunos de ellos impagables. Es así como descubrimos que Ane siempre ha sido su mejor amiga, pero fue mucho más que eso. Con ella descubrió el poder de la rabia, la soledad, y su despertar sexual.

Eran "cosas de niños", y las cosas de niños eran ajenas a los adultos, que sólo intervenían para pegarnos un grito si molestábamos demasiado. Los adultos nos daban a entender que los niños no sentíamos dolor, o que si lo sentíamos eran naderías comparadas con el suyo.
Porque el paso de los años tiene una poderosa carga en ésta novela. Nos habla de cómo se alecciona a las niñas para captar el interés de los niños, ser femeninas, obedientes. Nos habla del descubrimiento del cuerpo femenino como algo natural, algo salvaje, pero sobretodo como algo puro que merece ser celebrado. 

Ya lo advierte el título, los personajes de ésta novela destacan por todo lo que han sufrido, que al fin y al cabo, es también parte de lo que han vivido. Alicia está intentando pasar página de la forma más peligrosa posible, y es que ahora ha comenzado a acortar distancias con el que fuera su cuñado, el apuesto y bohemio Otto, un fiel reflejo físico de su prometido pero mucho más amable y comprensivo en otros ámbitos. Se diría que ha salido ganando. ¿Será verdad?

Los tabús y los tópicos parecen no tener lugar en la historia. Aquí se habla de sexo sin tapujos, hay personajes de todas las orientaciones sexuales sin que esto sea relevante para el desarrollo de sus historias, hay machismo bien señalizado y juicios preconcebidos que nos harán replantearnos nuestros propios comportamientos. En definitiva, tras la trama principal hay todo un entramado de ideas y situaciones que dotan la historia de un atractivo inmejorable.
El deseo ocurre antes que la palabra. Empieza debajo del estómago, recorre el cuerpo hasta llegar al cerebro y se transforma en fantasía. Si llenamos de palabras el deseo, el hechizo se rompe. A veces las palabras son el enemigo.
Aunque me ha encantado y la leí sin poder soltarla, está claro que no estamos ante una historia dulce. Hay (al menos) una mujer rota que intenta encontrar respuestas en su pasado para salvar lo que quede de su futuro. Y lo hace con momentos de felicidad y grandes personas que la ayudarán en éste viaje introspectivo, pero por supuesto, no puede crecer olvidando todos los desengaños que lleva dentro. A veces nuestros sueños y anhelos nos superan, y por eso optamos por silenciarlos. Dejamos que los demás intenten definir lo que somos. Y por el camino, morimos.
"Estoy ansiosa", es lo que decía, pero yo sabía que no era ansiedad, que lo que tenía Ane eran unos sueños mucho más grandes de lo que Bortiz y sus alrededores podían ofrecerle. "Estoy ansiosa", porque el mundo era grande, sus ganas de recorrerlo inmensas, y sus posibilidades, escasas.

Lo mejor de ésta novela es que habla de lo que la da la gana sin pelos en la lengua y cuando quieres darte cuenta estás asintiendo con la cabeza, pensando "Eso es, tal cual, eso es". No se guarda nada temiendo que no "quede bonito", sea violento, o de esas cosas "no se puede hablar". Se habla y punto. Podría hacer un resumen mucho más elaborado pero esa es la sensación que me llevo, de haber leído a una autora que no le teme a ningún tema de conversación y los trata con una naturalidad tan apabullante que emociona. ¡Ya era hora!

"Cuerpos malditos" acierta en todo. La historia engancha, los personajes poseen alma y los temas a tratar no podían ser más interesantes. No esperes a que yo te lo recomiende. Léelo.


¡Cuervos días!

Había oído hablar de la primera novela de Pauline Delabroy-Allard con mucho entusiasmo, así que estaba deseando tenerla en mis manos. Ha sido una lectura diferente a lo que esperaba (malditas expectativas) en muchos aspectos, aunque al menos no me siento decepcionada.

"Una noche, en una fiesta, dos mujeres se conocen por azar. Una vive su rutina de madre soltera y profesora con una pareja circunstancial. La otra es violinista, excéntrica, sensual y culta. Habla y ríe demasiado. Es Sarah.

A partir de entonces se suceden citas improvisadas, almuerzos, conciertos, lecturas, los cuartetos de Beethoven y la primavera en París. Hasta que un día Sarah dice: «Creo que me he enamorado de ti». Y se desata el amour fou, la pasión que quema a cada instante y que, como ocurre con todas las grandes pasiones, no puede acabar bien.

Voy a hablar de Sarah es la última gran revelación literaria francesa. Ha ganado importantes premios (estuvo a un paso del Goncourt) y ha sido comparada con Marguerite Duras y Yourcenar con su primera novela, hipnótica y arrasadora, que deja una huella indeleble."

Sarah es locura, es caos. Es una belleza desconocida y cruel. Es una cría. Es tan hermosa como los desnudos de Bonnard. Así la describe la narradora, inundada de un amor tan profundo que roza la devoción desde el momento en que la conoce. Por eso lo único que sabemos con certeza sobre Sarah es que toca en un cuarteto de cuerda como violinista... y que también está completamente enamorada. Pero dicen que el amor puede matar. 
Y del amor a la tragedia, hay un paso. 

Narrada en primera persona, "Voy a hablar de Sarah" parece una novela epistolar sin serlo. La protagonista se abre ante nosotros como si estuviéramos leyendo su diario mas íntimo, en pequeños fragmentos que a veces hacen progresar la narración y otras, son divagaciones con un nivel de implicación desgarrador. Así es como nos empieza a hablar de Sarah, una chica llena de vitalidad de la que no tarda en enamorarse, aunque hasta entonces jamás había experimentado el amor por una mujer.

Pasión. Del latín patior, padecer, aguantar, sufrir. Sustantivo femenino. Amor considerado como una inclinación irresistible y violenta, orientado a un único objeto, que en ocasiones degenera en obsesión.

Vamos siendo testigos de la forma en que Sarah entra en su vida, cómo un enamoramiento evoluciona en amor y termina desarrollando algo mucho más intenso y hasta doloroso. Hasta en el ritmo de la novela se puede notar que está explicándonos ese proceso romántico: La pasión inicial, ese minucioso placer en los detalles, la necesidad de verse la una a la otra... pero poco a poco se transforma en una historia más compleja donde aparecen las primeras peleas, amagos de ruptura, resentimiento, un amor que degenera en algo más. Como lectores, sentimos ese pulso. Esa progresión. El vértigo de temer que algo horrible se aproxima.
Sabe tratarme de forma exquisita, me prepara baños, me da masajes en la espalda, dice que soy su libertad, su sosiego. [...] Sabe tratarme de forma odiosa, no contesta cuando le mando mensajes, habla con monosílabos, se las apaña para no estar disponible y dice que necesita aire.

Los detalles son muy importantes en ésta novela, hasta los mas mínimos. Las descripciones nos trasladan a cada recuerdo que ha existido entre ellas: Qué obra de teatro fueron a ver, qué película emitían... Pauline ahonda con precisión en los momentos que van dando forma a la relación, como haríamos cualquiera de nosotros. Y son esos detalles los que nos avisan de que algo ha cambiado, que algo va a pasar, la tensión lectora va en aumento y un acontecimiento inesperado va a truncar los sueños de ambas.

¿Por qué digo que es diferente? Porque claramente la forma en que está escrita dice mucho más que la historia en sí. El ritmo en la novela, la forma tan particular de escribir de la autora... pesan más que el contenido. La historia de amor entre ambas mujeres está narrada con mucho gusto, tanto que el sentimiento se contagia. Pero al estar escrita en primera persona por una de ellas no hay una acción constante, todo se vuelve más lírico, más pausado, como uno de los conciertos a violín de la propia Sarah. De hecho no hay diálogos, aunque se insinúen las conversaciones entre sus escasos personajes. No sé si todo esto le juega en contra o a favor, depende de los gustos de cada uno y sobretodo, de lo que apetezca leer en un determinado momento. Quizá no era la clase de historia que me apetecía ahora mismo. Es muy intimista, se propone remover nuestros sentimientos... y lo consigue.

"Voy a hablar de Sarah" es la historia de una pasión, una pulsión que surge de la casualidad y se convierte en idolatría hasta el punto de no retorno. Nuestra protagonista no sabe volver a ser la que fue, y si arrancan a Sarah de su vida, nada tiene sentido. Un romance entre dos mujeres que lo serán todo para la otra hasta que, tal vez, no quede nada. Tan solo un cuerpo.